El calor y los rayos de sol nos recibieron y
nos presentaron lo que es la capital más linda y pintoresca del Noroeste Argentino. Desde la terminal, nos tomamos un taxi (muy barato) al Hostel
Backpacker’s Soul, ubicado a una cuadra y media de la plaza principal y con muy
bien cuidadas instalaciones; además la tarifa nos incluía la cena en el Hostel
Backpacker’s Home, otro de los 3 que hay en Salta de la cadena HI International. Después
que nos acomodamos, deicidimos salir a caminar y buscar un poco de combustible,
ya había pasado el mediodía. Asique llegamos a la plaza y nos enamoramos al
instante del lugar; es muy colonial y muy cuidada, limpia, y a su alrededor
puede verse la catedral y una especie de cabildo, donde te ofrecen dar un paseo
en un carruaje por un rato. Comimos una pizza ahí nomás, frente a la plaza
donde hay una seguidilla de restaurantes pero te cobran un poco más que en
otras zonas de la ciudad.
Después de ahí fuimos para el Shopping Alto NOA,
donde trabajaba Sol, una amiga de Hernán, y terminamos recorriendo, antes de
volver, “La Balcarce”.
Se trata de la calle más bonita de Salta, llena de bares, restaurantes y cafés pintorescos
(como el Café del Tiempo), donde por las noches se arman peñas y pasada la
medianoche, se transforman para darle ritmo a la movida nocturna de la ciudad. Paseamos
también por las dos peatonales que tiene, aunque nada superaba esa callecita. Un punto que suele ser muy visitado es La Peña de Balderrama,, frecuentada por famosos, aunque no yo no tuve la oportunidad de ir. Ya
llegaba la noche, y nos fuimos cerca de las diez de la noche hasta el otro
hostel para cenar. Creo que éramos los únicos dos argentinos, y en la mesa
conocimos una pareja de holandeses y unos hermanos de Estados Unidos. Por
suerte, el menú de la noche por ser sábado, era asado, muy tierno de hecho y
acompañado por un show de folclore donde se entonó la típica canción
“Balderrama” y el “Carnavalito”. No faltó obviamente la pareja bien gauchesca, bailando y sacando a bailar, incluso a nosotros dos que estábamos muy
compenetrados con el show.
A veces es lindo ver cómo tantos extranjeros quedan
encantados con algo que es tan nuestro, como pasa con el Tango, y que a veces
uno los “mira desde lejos” porque no está familiarizado con ellos, no lo
escuchamos a diario. Terminamos filtrándonos como un extranjero más que ve un
show que le es ajeno., pero cercano a la vez. De todas maneras, yo sentí que esa noche me gustaba esa
música más que nunca, y me pasó lo mismo en los días que siguieron, en Jujuy...
donde las peñas, y bailar folclore, se nos hizo cosa de todas las noches. Te
dejás llevar por el lugar y sus costumbres, y así también terminas comiendo
empanadas todos los días.
Esa noche nos fuimos hasta La Balcarce, a un bar que se
llamaba Ibiza, con Sol y el novio. Nos volvimos a las 3am porque al otro día a
las 7am nos esperaba una excursión a Cachi, un pueblo perdido cercano a Salta.
Nos volvimos caminando, por calles bastante oscuras, pero la sensación era de
total seguridad. Parece un lugar muy tranquilo, con mucha paz; Salta es realmente lindísima.
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