Cafayate, capital norteña del buen vino




Era la tarde el 16 de julio del 2009 y estábamos llegando a Cafayate. Había leído que era Capital del vino en Salta y tenía una quebrada muy linda para visitar además de las bodegas, pero no mucho más. Habíamos compartido el remis desde Amaicha con una parejita uruguaya, pero nos tuvimos que despedir ahí cuando nos dejaron en la puerta del hostel, y no los cruzamos más. Se llamaba Hostel Ruta 40, porque estaba ubicado sobre la calle Güemes (prócer amado por los salteños) que sería la continuación de la mística ruta... Me pareció ideal parar ahí. Ese nombre, esa ruta, había tenido desde hacía unos años antes, mucho significado y un atrapante misterio para mí. Así también para los que habían sido mis compañeros cuando armamos la Revista Kilómetro Cero, sobre la cual tengo otro blog y de la cual sólo pudo salir un número (el 2do esá escrito por la mitad). Es la ruta más larga de Argentina, la que la recorre de Norte a Sur, o viceversa a lo largo de 5121km; nuestro hostel estba en el km 4341, cuya señalación estaba en la misma vereda. En sí, era bastante lindo, con barcito, buenas camas y a media cuadra de la plaza principal, aunque no era de los más económicos. Salimos a caminar y recorrer la zona, aprovechando una tarde con sol que nos permitía, en pleno julio, andar en remera de manga corta. La imagen que me quedó al ver la plaza fue la de un lugar bastante turístico, bien cuidado, con algunas 4 x 4 rodeando la plaza y haciendo contraste con la colonial iglesia color salmón. Alrededor estaba lleno de barcitos con mesas en las veredas para aprovechar el buen clima, gente caminando por las calles que son muy largas, y la imponencia de los cerros custodiándonos en los 360 grados. Todo esto sumado al aire puro y al cielo azul, el más azul que había visto hasta ese momento... que cada tanto dejaba que se asomen pedazos de algodón posando para alguna fotografía.
Otra vez tuve la sensación de que estaba donde tenía que estar, que nada podía ser mejor que eso... y me dispuse a seguir conociendo la pequeña ciudad. Preguntamos qué había para hacer y nos ofrecieron una cantidad enorme de posibilidades, tantas que decidimos que como mínimo necesitábamos quedarnos dos noches allí. Contratamos una excursión para el día siguiente: por la mañana alquilaríamos unas bicicletas y nos iríamos a conocer el Río Colorado, famoso por sus 3 cascadas, y por la tarde recorreríamos la Quebrada de las Conchas. Lo que quedaba de la tarde iba a ser para patear por las calles y las bodegas. Y para otra vez iban a quedar pendientes los médanos, el molino, el Museo Arqueológico, entre tantas otras cosas. Al caminar te chocabas con las bodegas. Visitamos Nanny y El Tránsito, con una guiada y degustación gratuita. Nunca más me voy a olvidar del Torrontés Cosecha Tardía que probé...  
Casi entonados volvimos cuando anochecía al hostel, y en el camino nos cruzamos con Clarita, a quien conocimos esa noche en Tafí, y nos invitó a su camping esa noche. También Alejandra nos vió y nos incluyó en su lista de invitados para la noche siguiente, cuando festejaría su cumpleaños. Esto era así... una noche que compartías y ya tenías nuevos amigos con quien celebrar, hubiera o no excusas. Esa noche no nos acostamos tarde, para descansar, pero antes de terminar el día, pudimos disfrutar de un buen fogón con salteños, porteños, alemanes, guitarras, vino, cervezas (la “Salta” es altamente recomendable), y mucha buena onda...

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