Cachi, un pueblo blanco a 2280 m.s.n.m




“Amigo Turista:
                   Este pequeño rincón del valle Calchaquí le da la bienvenida, deseándole una feliz estadía.                    Si el destino guió sus pasos hacia este pueblo, aprovechamos para invitarlo cordialmente a descubrir la poesía escondida en sus viejas casonas y calles, donde el tiempo está dormido.
                   Por favor, procure no despertarlo...
                                                                                  Municipalidad de Cachi”



Este es el mensaje del cartel que te recibe cuando entrás en este pueblito vestido de blanco y detenido en el tiempo. Sin embargo, no sólo es hermoso el destino sino también el camino que te lleva hacia él, uno de los tramos de ruta más sorprendentes de la Argentina.
Era un mañana de domingo a las 7.30 a.m. cuando salimos para Cachi. Habíamos contratado el día anterior esta excursión por $155 en el hostel; (lo más caro que pagamos pero que valía la pena, sólo nos faltó el Tren ed las Nubes); pasaron por el nuestro y por otros más recolectando turistas, unas 3 o 4 combis dispuestas a mostrarnos la belleza del lugar. Subimos y nos sentamos en los lugares libres que quedaban atrás, y unos minutos después subió Phoebe, una australiana que vivía en Buenos Aires hacía unos meses, con la que luego compartiríamos gran parte de nuestro recorrido. 
Arrancamos el trayecto, y tomamos la ruta provincial 33; el camino iba transformándose desde selvático hasta árido y seco, donde más adelante se asomaban cardones, como vigías del camino. La ruta era en partes de ripio, en partes asfaltada, muy sinuosa... realmente, y por momentos sumergida bajo el caudal de algun río que pasaba por encima de ella, haciendo que el chofer desacelere su marcha hasta casi frenar. A medida que avanzábamos aumentaba la altura, pero también era más agradable la temperatura. Me habían dicho: ¿Cachi? Lo mejor es el camino, el pueblo no es gran cosa. Un rato despúes iba a saber que son tan hermosos el camino como el lugar. Por suerte hicimos varias paradas, unas 5 ó 6 aproximadamente. En el km 31 bajamos a tomar unas fotos del paisaje, estaba fresco todavía, pero prometía llegar el calor del sol. Alguna que otra curva  y precipicio cada tanto,  nos empezaban a cortar la respiración, pero era parte del atractivo como cuando uno se sube a una montaña rusa. De a poco empezamos a subir por un camino terriblemente sinuoso, ondulante, con precipicios y curvas extremas, por unos 20 km: era la famosa "Cuesta del Obispo", que demuestra como el hombre puede ir abriéndose camino por donde quiera, y que luego pudimos ver desde arriba en la siguiente parada. La imagen era impactante: la ruta que recién habíamos recorrido, parecía una serpiente gigante sobre los cerros, custodiada por las nubes bien blancas que podíamos ver casi a nuestra misma altura.
Más adelante, paramos en Piedra del Molino, un punto panorámico, el más alto del camino, a 3348 m.s.n.m. donde el frío y el viento se hacen sentir, y como mucho te dejan tomar alguna foto. Un poco más adelante, nos encontramos con una ruta perfectamente recta, asfaltada, la llamada “Recta del Tin Tin” por el nombre del cerro que está a su lado. La misma atraviesa el Parque Nacional Los Cardones, un lugar hermoso lleno de ejemplares de esta especie tan característica de esta zona, y en extinción. El cardón crece 1,5 o 2 cm por año, y desde un principio aprovecha el resguardo de un arbusto que está a los pies de cada cardón para que éste pueda crecer: la jarilla; sin embargo, una vez que tomó un suficiente tamaño y el cardón se vuelve autónomo, comienza a competir con el arbusto por el agua, y generalmente gana la batalla. Una de las tantas historias o relaciones, que guarda la naturaleza. Allí pudimos tomar fotos de los cardones y de la recta, que tiene una increíble belleza, acompañados de una excelente explicación del guardaparques. Luego seguimos camino y paramos a fotografiar el pico del “Nevado de Cachi” (ya en musculosa, por el calor que hacía) y enseguida llegamos a Payogasta, un paraje anterior a nuestro destino donde pudimos almorzar. Ahí comi un asadito con chorizo y ensalada, bajo el calor del sol, junto a hernán, Paz (una chica de Buenos Aires), y una pareja de italianos. Era la una del mediodía y yo discutía con el tano porque me decía que la milanesa, era en su país una comida de cuarta, y renegaba de las denominaciones “napolitana”, “calabresa”y “bolognesa”, muy gracioso...  
En un rato llegamos por fin a Cachi, donde nos recibió el cartel que describí al principio, y sus callecitas de piedra con veredas angostas nos invitaron a pasar y disfrutar de su paz. Es realmente un pueblo vestido de blanco, colonial, con casas bajas, una plaza principal con arcadas de piedra y feria de artesanos, y la iglesia que forma parte de la típica postal del pueblo, con su color amarillento y sus tres campanas. Yo aproveché un rato en el que varios descansaban a la sombra de los árboles para irme a caminar sola, por los rincones del pueblo más escondidos, y sentir ese anonimato y esa soledad tan agradable a veces... saqué fotos de la parte más vieja del pueblo y llamé a casa. Era un domingo y estaba toda mi familia almorzando, con frío... Yo, contándoles que estaba en un pueblo hermoso y tranquilo, con más de 25 grados, y que estaba feliz de haber vivido todo eso hasta ese momento, no podía dejarlo para más adelante.. era ese el momento en que tenía que viajar...
A la hora más o menos emprendimos el viaje de vuelta, en el cual caímos rendidos por el sueño. Llegamos al hostel y antes de que se hiciera tarde, como el lunes iba a estar cerrado, fuimos al MAAM, Museo de Arqueología de Alta Montaña, ubicado frente a la plaza principal de Salta por la continuación de una de las dos peatonales, y según mi punto de vista y el de varios, un imperdible! La entrada nos salió $5 por ser estudiantes, pero valía más que eso. En el museo pueden verse las momias incaicas de 3 “Niños de Llullaillaco” que fueron encontradas en un volcán a 6700 mts de altura y estban conservados por el frío. Su muerte había sido parte de un ritual incaico de hace más de 500 años: año a año eran elegidos los niños más bellos y físicamente perfectos de cada región para llegar al Cusco y formar parte de una celebración simbólica de matrimonio. Luego volvían a su lugar de origen y tras una celebración, les daban de beber chicha y eran enterrados con sus pertenencias ya que habían sido elegidos para realizar el “viaje divino” y reencontrarse con sus antepasados. La historia es increíble, así como los restos encontrados; según sus creencias, los niños no morían. Un lugar realmente impresionante e infaltable para quien visita la capital más linda del norte.
Más tarde, despúes de pasear por el centro de Salta iluminado,  volvimos al hostel y preparamos unas hamburguesas ahí mismo. Esa noche muchos se reunían para festejar las vísperas del día del amigo. Mis mejores amigas, reunidas, me llamaron a las 12 de la noche, pero no escuché el celular; yo ya dormía...

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