Después de unas ya típicas empanadas, salimos en el "Aconquija" nuevamente, pero con un rumbo nuevo. El camino hacia Amaicha es muy lindo; ni bien se arranca te das vuelta y ves de lejos el lago de El Mollar y Tafí del Valle, como un paisaje único y tranquilo. Luego cuando más se avanza, se va tornando cada vez más seco, van apareciendo poco a poco algunos cardones (o cactus) y algunas llamas que posan para quienes llegan a capturarlas con la cámara desde la ventana del micro. Antes de llegar a destino se pasa por el famoso "Infiernillo", nombre del punto más alto del camino, donde se puede bajar a tomar fotografías si se va en auto.
Llegamos finalmente el pueblo donde hay "360 días de sol por año" (según el cartel de la plaza central) y viven cerca de 5000 personas; en la terminal 3 o 4 personas se nos acercaron para ofrecernos al instante alojamiento, de todo tipo, incluso ofreciéndote acompañarte caminando hasta el lugar para que no te pierdas. Pero preferimos tomar las sugerencias e ir por nuestra cuenta. En la plaza, cuando nos sacábamos una foto, se nos acercó un perro y "el Colo", un santiagueño con aspecto de alemán que hacía 6 meses había inaugurado el Hostel El Arca; se trataba de una antigua casa que era de su abuelo, con mucho para refaccionar pero estratégicamente ubicada frente a la plaza central. Ni bien llegamos nos hizo pasar y nos convido de su cerveza y también algo para fumar, no gracias igual! Muy buena onda nuestro anfitrión, pero enseguida nos fuimos a recorrer el pueblo. En Amaicha el paisaje es otro: no se ven los cerros alrededor tan cerquita como en Tafí, las casas en su gran mayoría son de adobe si nos alejamos del centro, y se nota que no está muy "explotado", o mejor dicho, desarrollado, a nivel turístico. Para visitar, está el Museo de la Pachamama, impresionante un poco por lo que muestra en su interior pero más que nada por las figuras de las esculturas y muros hechos en piedra de su exterior y patios internos. Fue creado y diseñado por Héctor Cruz, un personaje bien visto por muchos (porque es un reconocido artista, escultor y artesano, famoso también por sus tapices tan valorados) y mal visto por otros (porque tuvo muchos años la concesión de las Ruinas de los indios Quilmes, cobrando un calor muy alto por su entrada y quitando derechos a gente de la región sobre este lugar, o por comprar tapices a escaso valor a gente del lugar y venderlos luego con su firma por altos montos). De todas maneras, siempre recomiendo visitarlo, es privado y se cobra una entrada de en aquel momento, $10, que lo valen. Después de caminar un poco más, compramos algo para comer y volvimos al hostel, donde prepare una rica fuente de ravioles que comimos en el patio. Nos fuimos a dormir no muy tarde, para descansar. El dueño del hostel compartía la habitación con nosotros, y unas chicas que cayeron al lugar por la madrugada. La noche, sólo nos costó $15...
El segundo día en Amaicha lo aprovechamos para intentar llegar a "El Remate", una cascada escondida muy mística, sagrada para la gente del lugar, de la cual nos habló el Colo... Para llegar, tomamos el colectivo "El Parra" (todos tienen nombre allá) temprano por la mañana, pero no sabíamos cómo íbamos a volver, ya que tenía poca frecuencia y encima la desconocíamos. Sólo sabíamos que por la tarde ya nos íbamos hacia las Ruinas Quilmes. Después de bajar del micro caminamos cerca de 2 km más para llegar, mientras disfrutábamos del calor del sol y el cielo más azul que nunca. Pensábamos que no íbamos a llegar pero ahí estábamos. El Remate es hermoso; la sensación de estar encerrado entre esas piedras tan altas y el sonido del agua corriendo con fuerza, es indescriptible. Cuesta llegar a ver, en invierno, el agua cayendo por el bajo caudal que tiene, pero si se quiere se puede. No lo dudamos y decidimos sacarnos las zapatillas y medias para cruzar ese gran charco y meternos hasta llegar a la cascada. Lo que no sabíamos era lo helada que estaba el agua. Nunca en la vida me dolieron tanto los pies como esa mañana, donde a la extremadamente baja temperatura del agua se le sumaba la cantidad de piedritas que pisábamos para cruzar. Lo hicimos de a tramos y llegamos. Dicen que en verano se llena de gente que disfruta de un buen baño... no era justamente lo que hicimos nosotros. Después de un rato, de secarnos al sol, empezamos a ver cómo volvíamos... Hasta las 4 de la tarde no pasaba ningún micro y era recién el mediodía (y además... no habíamos desayunado). Como parte de esas casualidades de la vida, tuvimos la suerte de cruzarnos con dos francesas acompañadas por un guía del lugar, que luego nos ofreció alcanzarnos en su camioneta al centro de Amaicha, después de llevarnos a conocer un dique, y ahí pudimos tomar un remis hasta las Ruinas de los Indios Quilmes ($5 la entrada). Decidimos no ir en micro porque sino nos dejaba en la ruta y teníamos que caminar 5km y recorrer las ruinas con las pesadas mochilas; así llegamos al lugar, tuvimos una hora para recorrer mientras el remis nos esperaba, y luego seguir camino hasta Cafayate, ya en la provincia de Salta.
Las ruinas son increíbles; hay restos de antiguas viviendas y construcciones desde la base hasta lo más alto del cerro. También hay varios pucará (término de origen runa simi que alude a toda fortificación de los aborígenes de las culturas andinas centrales, con fines defensivos, sociales y religiosos, desde los que se tiene una vista estratégica para ver el avance del enemigo y controlar todas las viviendas y campos de la ciudadela). Subimos a uno de ellos y por unos minutos, me invadió la sensación de poder y control sobre todo lo que veía, era como un balcón al lugar y los alrededores, con una energía muy fuerte. La historia del lugar es trágica: los indios quilmes que habitaban la zona, cuando eran invadidos, se escondían en las construcciones más altas, donde los protegía el Cacique. Los españoles intentaron evangelizar a todos, pero hubo mucha resistencia. De hecho, las mujeres llegaban a lo más alto del cerro para tirarse desde allí y caer al vacío junto a sus hijos, y así morir, antes que ser colonizados (se encontraron muchísimos restos al pie del cerro que confirman esto). A quienes se revelaban y luchaban, los castigaron llevándolos a pie hacia el actual barrio de Quilmes de Buenos Aires; en el camino murió la mayoría de ellos.
Así, con esta visita, llegamos al final del recorrido por una parte de la provincia de Tucumán. Lo que venía era Salta, la linda, más linda de lo que me imaginaba, con una primera parada en la tierra norteña de los vinos: Cafayate.
Hola Nancy! Qué lindo! con mucho interés empecé a seguir "De rutas y otras yerbas".
ResponderEliminarViajes y fotografías... tambien son mis preferidos.
Sos muy buena narradora!
Beso y abrazo