Amanece en la ruta, no me importa dónde voy..



Salimos con rumbo a Tucumán en un Flecha Bus muy cómodo, ese sábado 11 a las 13hs. La mochila, bastante abrigo, la cámara de fotos, un cuaderno y una lapicera. Teníamos cerca de un día de viaje por delante; los ojos tenían sed de paisajes nuevos, pero tardaron en aparecer... Recién a las 14.30hs del domingo 12 llegamos a la hermosa terminal de San Miguel de Tucumán, que nos recibió con un golpe de calor al cual no estábamos acostumbrados por ser el mes de Julio. Como buenos ex informantes de turistas, pasamos por el Centro de Información Turística, donde te dan mapa, te ayudan con el alojamiento y te cuentan qúe hacer; me sorprendí al escuchar al tucumano contarme cómo el año anterior se había hecho en el Cerro San Javier, el Mundial de Parapente... casi me muero cuando veo esa imagen en el folleto porque era una de las ideas que tenía, pero no se concretó. Asignatura pendiente. No me olvido más que nos preguntó: "Y por donde piensan viajar chicos?" y le contamos que la idea era subir desde Tucumán hasta La Quiaca si podíamos. "Uhh... que bueno... acuérdense que cuanto más al norte vayan, más se van a ir sorprendiendo por los paisajes y la belleza de los lugares". Sentí que estaba donde quería estar hacía mucho tiempo.
Caminamos bien cargados bajo el fuerte sol y con hambre, hasta el Hostel Backpackers Tucumán. Las calles de la ciudad estaban casi vacías, incluso las peatonales San Martín y Muñecas, y la Plaza Independencia; la gente parecía haberse escondido tras los cerros. Después de una rica pizza, a dos cuadras del hostel, el destino obligado fue la Casa Histórica por $5, que como unos días antes la había visitado la presidenta, estaba bien pintada de blanco y con sus puertas flamantemente azules (como en su fachada original). Recuerdo que el lugar que más me impactó de la casa, fue la sala de la declaración de la Independencia. Por la noche, fuimos a ver una obra de teatro de la época, representada en la misma casa, con actores locales (una alternativa al clásico show de luces y sonidos), y fue ahí cuando representaron la jura, que me erizó la piel como si estuviera en ese momento reviviendo la historia....

La noche realmente era otra postal: gente en las calles, en la "24 de Septiembre", en la Plaza, paseando y disfrutando de las hermosas construcciones perfectamente iluminadas que la rodean (la Catedral, la Casa de Gobierno, etc). Y en el hostel, una antigua casa estilo "chorizo", pudimos disfrutar de una buena comida grupal, charlando con nuevos amigos de Venezuela, Francia, Rosario.. un poco de todo, un crisol de culturas que resultó en una charla interesantísima sobre la realidad político-social de Latinoamérica. Y así iba a ser todo el camino: gente con muy buena onda en cada rincón que visitábamos y que si los perdías de vista, era sólo por uno o dos días, porque después los volvías a encontrar en otra posta del recorrido, formando parte del paisaje y de la riqueza del lugar visitado. Ya estábamos ahí, ya empezaba a vivir mi sueño de recorrer el Noroeste Argentino... y llegar hasta Iruya, ese pueblo escondido en Salta pero que se llega desde Jujuy, sobre el cual Eduardo Marín, mi profesor de Recursos Culturales en la facultad, nos había hablado y recomendado visitar "de día y noche, para poder ver las estrellas"... hacia allí iba, ya estaba cerca.



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